A una dama que se peinaba
En ondas de los mares no surcados
navecilla de plata dividía,
una cándida mano la regía
con viento de suspiros y cuidados.
Los hilos que de frutos separados
el abundancia pródiga esparcía,
dellos avaro Amor los recogía,
dulce prisión forzando a sus forzados.
Por este mismo proceloso Egeo,
con naufragio feliz va navegando
mi corazón cuyo peligro adoro.
Y las velas al viento desplegando,m
rico en la tempestad halla deseo
escollo de diamante en golfos de oro
(Conde Villamediana, Sonetos amorosos)

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